
No esta documentalmente probado, pero algunos dicen: que uno de los cuarteles de La Mazorca estaba en el barrio de San Telmo, sobre la calle Chacabuco. Si sabemos con mayor certeza, que la casa de Cuitiño, que a la vez fuera cuartel de la Mazorca estaba“sobre la calle Lujan (hoy Pje.Giuffra ) en una casa que hoy es de alto, antes de llegar a la esquina de Defensa”1 Las Lomas (actual Hospital Dr. Braulio Moyano) fueron ocupadas por otro de los cuarteles de Cuitiño, cuyas ruinas quedan aún como reliquia histórica. También en San Telmo, sobre la calle Balcarce se encontraba el Almacén y Pulpería La Paloma, lugar de reunión al que acudían Cuitiño y sus mazorqueros.
También en esa época, aquellos que disentían ideológicamente con el Régimen eran acusados, detenidos y condenados a muerte. A fines 1833 surge la Sociedad Popular Restauradora 1 brazo político liderado por Julián González Salomón y apoyado fervorosamente por Encarnación Escurra, esposa de Don Juan Manuel de Rosas y su mano ejecutora policial, La Mazorca, encabezada por Ciriaco Cuitiño antiguo vecino de San Telmo y creada con el propósito de atemorizar a todos los que se oponían al Restaurador de las leyes y para afianzarlo en el ejercicio del poder. La Mazorca había nacido de la facción “apostólica” federal, que se oponía a los “lomos negros”. Su nombre proviene de un emblema, que recuerda la mazorca de maíz, usado por algunas logias masónicas peninsulares, como símbolo de apretada unión. Aunque también podría venir de un “ritual” espontáneo del centro de la ciudad, en el que pandillas de jóvenes federales solían introducir una mazorca por la parte de atrás de los pantalones de los señorones opositores y unitarios.
Hilario Ascasubi describe el horror de otro ritual “La refalosa”: “Unitario que agarramos,/ lo estiramos/ o paradito nomás/ por atrás/ lo amarran los compañeros/ por supuesto, mazorqueros,/ con un maniador doblao. [...]”. Esteban Echeverría nos describe en un pasaje de su obra El Matadero un episodio en el que un personaje, el carnicero Matasiete, es alentado a enfrentar a un joven unitario al grito de: ¡ La Mazorca con él ![...] Matasiete dando un salto le salió al encuentro y con fornido brazo, asiéndolo de la corbata, lo tendió en el suelo tirando al mismo tiempo la daga de la cintura y llevándola a su garganta [...]- ¡ Degüéllalo, Matasiete, quiso sacar las pistolas. Degüéllalo como al toro[...]2 En este episodio Echeverría nos permite observar la manera como procedían los mazorqueros y el lugar de entrenamiento para sus partidas. “[...]El matadero fue el campo de ensayo, la cuna y la escuela de aquellos gendarmes del cuchillo[...]”3 El Matadero de la Convalecencia, también llamado del Alto, al que hace referencia la obra de Echeverría se ubicaba detrás del Hospital de Alienados, en Barracas, recordemos que el perímetro edificado de la ciudad alcanzaba por el Sur, a la calle San Juan. En esa época, los diarios “La Gaceta Mercantil” y “El Archivo Americano”; publicaban artículos de la Sociedad Popular Restauradora rubricados como LA SOCIEDAD y se transformaban progresivamente en voceros de la literatura mazorquera. Esta SOCIEDAD y su mano ejecutora la Mazorca para mostrar su poder usaban y abusaban de la violencia, para exigir entre otras cosas, por ejemplo, la divisa punzó (símbolo del federalismo). Que por Decreto imponía su uso obligatorio a partir de Febrero de 1832. “[...] esto es así no solo para los hombres sino también (para) las Señoras en la iglesia, en los bailes y reuniones, usando el moño al lado izquierdo en la cabeza, como está ordenado [...]”4 Dice una cuarteta de la época: Soy del Alto de San Pedro; donde llueve y no gotea; a mi no me asustan bultos ni sombras que se menean. Pero, el horror existía. El terror fue usado por el gobierno para eliminar enemigos, disciplinar disidentes, advertir a los irresolutos y para controlar a los propios partidarios. “La entrada de La Mazorca en una casa representaba una combinación infernal de ruido, de brutalidad, de crimen [...] Entraban en partidas de ocho, diez doce o mas forajidos [...] Unos empezaban a romper todos los vidrios, dando gritos. Otros se ocupaban en tirar a los patios la loza y los cristales, dando gritos también. [...]Unos descerrajaban a golpes las cómodas y los estantes. Otros corrían de cuarto en cuarto, de patio en patio, a las indefensas mujeres, dándoles con grandes rebenques, postrándolas y cortándoles con sus cuchillos el cabello, mientras otros buscaban, como perros furiosos por debajo de las camas, y cuanto rincón había, al hombre o a los hombres dueños de aquella casa , y si allí estaban, allí se los mataba, o de allí eran arrastrados a ser asesinados en las calles; y todo en medio de un ruido y un griterío infernal, confundido con el llanto de los niños, los ayes de las mujeres y la agonía de la victima[...]”5 Debemos aclarar que el terror no era un instrumento de clase pues se consideraba inútil matar a gente pobre e insignificante. Las victimas eran unitarios o personas vinculadas a la causa unitaria, directa o indirectamente. Cuando no podían poner las manos sobre ellos, tomaban un sustituto o equivalente, por el valor de la demostración. Me parece significativo relatar otro “ritual”de la barbarie mazorquera: la quema de los Judas”durante la Pascua de Resurrección, “Los jefes del Gobierno, dueños absolutos del culto, como de las creencias, se han servido de este uso para vengarse de aquellos sus enemigos, a los que no habían podido combatir o alcanzar de otro modo. Queriendo al menos inspirar el odio o el desprecio de sus adversarios les declaraban Judas. Era también un medio de adueñarse de la opinión pública, ya que la multitud resultaba así asociada a los resentimientos y a la política de los gobernantes [...] En muchas plazas públicas se alzaban horcas y, desde la mañana se cuelgan muñecos que representan a quienes se quiere librar a la execración general [...]”6 Siempre existe una elección, creo yo, y como nos sugiere el historiador Leáis Namier “el logro mas perdurable del estudio de la historia es sus sentido histórico- un conocimiento intuitivo- de cómo no transcurren las cosas” En la textualidad de Esteban Echeverría , en alguno de sus fragmentos póstumos, encontramos un ejemplo de aquella elección hecha por Rosas: “ ¿Al tomar en sus manos una autoridad ilimitada, se acuerda, acaso, este hombre de hacerlo valer para conciliar los ánimos, para traer la paz y la felicidad a su patria, para cimentar el orden sobre las bases de la justicia y las leyes? No, en lo único que piensa es en escarmentar, en vengarse, en llenar de luto a las familias, en violar todas las leyes y todos los derechos y en robustecer su despotismo, dividiendo y aterrando...”7 Los mazorqueros eran verdaderos terroristas, reclutados en sectores inferiores de la elite rosista. Arrestaban, torturaban y mataban. El método tradicional de ejecución era el degüello y generalmente los cadáveres eran colgados a modo de exhibición, al igual que la cabeza de las victimas en picas. Un antecedente para su formación como mazorqueros era una carrera previa en la milicia o en la Policía, que contaba con los cuerpos de los Vigilantes de día y Serenos. A partir de 1842, les cupo la obligación de cantar las horas de esta manera: ¡Viva la Santa Federación! ¡Mueran los salvajes unitarios!, ¡Vivid la Representación (especie de Legislatura rosista)! Concluido lo cual podían recién cumplir con su función de dar la hora y el estado del tiempo. Hay dos momentos de terror desatado por esta organización parapolicial que era La Mazorca en Buenos Aires y la Provincia, dirigidos por Rosas. Uno entre septiembre de 1840 y el intento de asesinato a Rosas del 28 de abril de 1841. El segundo inmediatamente después, ya que se desata un recrudecimiento del terror, hasta el 19 de abril de 1842, cuando Corvalan edecán de Rosas, se dirige a los jefes federales de alta graduación diciéndoles que el Gobernador “ha mirado con el mas profundo desagrado los escandalosos asesinatos que se han cometido en estos últimos días los que aunque habían sido sobre salvajes unitarios nadie absolutamente estaba autorizado para semejante bárbara feroz licencia, siendo por todo aún mas extraño a S.E., que la policía se hubiese mantenido en silencio sin llenar el mas principal de sus deberes[...]”8 La Mazorca fue oficialmente disuelta el 1º de junio de 1846. “A la caída de Rosas, después de Caseros fueron procesados numerosos miembros de la Mazorca aprehendidos en julio de 1853 acusados como: responsables de los asesinatos y excesos cometidos especialmente en los años 1840 y 1842. [...] La audiencia publica se realizó el 28 de septiembre [...] y Ciriaco Cuitiño y Leandro Alem (padre del conocido político) fueron ejecutados el 29 de diciembre de 1853, a las 9 de la mañana en la plaza de la Concepción (Independencia y 9 de Julio) [...]” 9 Las cifras de victimas de la represión de la Mazorca, según la versión oficial no pasaban de 500; mientras que para la oposición superaba las 22.000 personas. En toda época y lugar ha habido bárbaros que arremeten contra los valores de civilidad y la cordura, llevándose por delante derechos y libertades adquiridas. Hoy particularmente se sigue arrasando y destruyendo con la misma impunidad, solo que ahora “globalizada”. Tomemos conciencia del valor testimonial de toda documentación, de nuestras Bibliotecas y Museos, etc. Son los lugares, que mas allá de cualquier Institución debemos sostener, pues ellos son nuestra Cultura y preservan nuestra Memoria. Participemos activamente de su sentido y solo de esta manera conjuraremos nuestra barbarie.

LO ANTERIORMENTE ESCRITO ES UNA MENTIRA MAS DE CIERTOS ESCRITORES ARGENTINOS, QUE QUISIERON DESPRESTIGIAR LA IMAGEN DE UNO DE LOS PATRIOTAS MAS GRANDES QUE HUBO EN LA ARGENTINA. EL BRIGADIER GENERAL JUAN MANUEL DE ROSAS.


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